DESEOS Y PROMESAS DE FIN DE AÑO


Se acaba este 2025 y encaramos de frente el Año Nuevo con ilusiones que quizá no sean tan brillantes y esperanzadoras como en otras ocasiones. Eso de apuntarse al gimnasio, dejar de fumar o aprender inglés se relega a un segundo plano cuando el turbio panorama político y social que nos envuelve no pinta demasiado halagüeño. Sí, otros males nos amenazan como la corrupción política, esa manida cesta de la compra que no para de subir, la precariedad del empleo, la imposibilidad de alquilar o comprar vivienda como base para un proyecto de futuro, la inseguridad en nuestras calles, la fuerte presión fiscal o la tensión constante que envenena nuestras conversaciones, se quieren ver compensados por los que nos gobiernan mediante esas promesas de “escudo social”, bono-transporte o subida de pensiones como caramelos que se les da a los niños para que no pataleen  y se porten bien (o más bien para que les sigan votando).

Me temo que en este Año Nuevo que estrenamos no va a ser muy diferente a este 2025 que dejamos atrás. Los males que nos amenazan seguirán sobrevolando nuestras cabezas—o tal vez empeoren—   y dudo mucho que un cambio de gobierno elegido de entre el arco parlamentario e ideológico que tenemos delante pueda o quiera hacer algo. Quizá sea el propio sistema el que falla de raíz.

Como digo, no sé si habrá elecciones en este año venidero pero, querido lector, si se presentan los marcianos a las elecciones se llevarán sin duda mi voto.

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