DESEOS Y PROMESAS DE FIN DE AÑO


Se acaba este 2025 y encaramos de frente el Año Nuevo con ilusiones que quizá no sean tan brillantes y esperanzadoras como en otras ocasiones. Eso de apuntarse al gimnasio, dejar de fumar o aprender inglés se relega a un segundo plano cuando el turbio panorama político y social que nos envuelve no pinta demasiado halagüeño. Sí, otros males nos amenazan como la corrupción política, esa manida cesta de la compra que no para de subir, la precariedad del empleo, la imposibilidad de alquilar o comprar vivienda como base para un proyecto de futuro, la inseguridad en nuestras calles, la fuerte presión fiscal o la tensión constante que envenena nuestras conversaciones, se quieren ver compensados por los que nos gobiernan mediante esas promesas de “escudo social”, bono-transporte o subida de pensiones como caramelos que se les da a los niños para que no pataleen  y se porten bien (o más bien para que les sigan votando).

Me temo que en este Año Nuevo que estrenamos no va a ser muy diferente a este 2025 que dejamos atrás. Los males que nos amenazan seguirán sobrevolando nuestras cabezas—o tal vez empeoren—   y dudo mucho que un cambio de gobierno elegido de entre el arco parlamentario e ideológico que tenemos delante pueda o quiera hacer algo. Quizá sea el propio sistema el que falla de raíz.

Como digo, no sé si habrá elecciones en este año venidero pero, querido lector, si se presentan los marcianos a las elecciones se llevarán sin duda mi voto.

YA ESTAMOS EN NAVIDAD.

 



Bueno, pues.... ya estamos en Navidades. Un año más.

En estas fechas, cuando el calendario se tiñe de fiesta, muchos coincidimos en que la Navidad no arranca con el encendido prematuro de luces en las calles –ese espectáculo comercial e institucional que invade balcones y plazas desde noviembre o incluso antes–, sino con el ritual casi litúrgico del Sorteo Extraordinario de Navidad. Es el preludio de lo que sigue: los regalos, las reuniones familiares alrededor langostinos y turrones, el brindis con champán, los deseos de prosperidad, los whatsapp de felicitaciones y esas propinas generosas de los abuelos. "Vuelve a casa por Navidad", rezaba aquel anuncio icónico de una marca de turrón, evocando un retorno no solo físico, sino emocional, a los lazos que nos anclan en un mundo cada vez más desarraigado.
Pero, qué ironía: mientras nos preparamos para estas celebraciones, una corriente ideológica con la que me he tropezado en las redes, acecha en los márgenes del debate público, proponiendo nada menos que… ¡abolir la figura de la familia! Sí, has leído bien. No se trata de una distopía orwelliana, sino de un movimiento extremo de corte izquierdista-feminista, defendido por pensadores como Sophie Lewis (autora de “Abolish the family: a manifesto for Care and Liberation”), quien argumenta que “la familia nuclear reproduce desigualdades capitalistas y patriarcales”, proponiendo en su lugar un "cuidado colectivo supraestatal". Esta autora sostiene que la familia no es un refugio, sino “una cárcel privada que perpetúa la opresión de género y clase”. Otros defensores, como M.E. O'Brien imaginan un mundo post-familiar donde el Estado o comunidades diversas asumen el papel de la crianza, liberándonos supuestamente de las "cadenas" del parentesco biológico para que “la familia deje de ser necesaria”, reemplazándola por redes colectivas.
¿Qué nos quedaría entonces? ¿El Estado como padre omnipresente, con Hacienda como el abuelo que, en lugar de propinas, nos envía requerimientos? No, por favor. Esta idea cruel y abyecta, envuelta en un lenguaje de "liberación", ignora la evidencia histórica y antropológica de toda la vida. La familia no es un “constructo capitalista”, sino el núcleo primigenio de la sociedad humana, forjado en milenios de evolución social. Abolirla equivaldría a desmantelar el último cuartel contra el intervencionismo estatal, ese Leviatán que ya nos asfixia con regulaciones y subsidios condicionados. Imagínense una Navidad sin abuelos contando batallitas, sin niños expectantes ante los regalos o incluso sin la entrañable figura del “cuñado sabelotodo”: solo un sorteo estatal, parabienes racionados y brindis obligatorios en comunas anónimas de compañeros también anónimos… ¿Progresismo? No, estaríamos más bien ante un “regresismo” a utopías fallidas que la historia nos recuerda y que todos conocemos.
Por eso la familia emerge no como opresora, sino como ese refugio indiscutible ante el desastre moderno: la falta de oportunidades de emancipación, la precariedad laboral o un naufragio amoroso . En un mundo donde el Estado promete todo y entrega muy poco, la familia nos salva con su afecto incondicional, sus tradiciones y su capacidad para forjar individuos libres que se sienten queridos y apoyados en momentos de flaqueza.
Esta Navidad, volvamos a casa: es allí donde reside la verdadera salvación, los nuestros, el calor de hogar y el último refugio ante el frío y la indolencia de ahí afuera.


FERIA DEL LIBRO ARAGONÉS EN MONZÓN

De la mano de la Asociación Aragonesa de Escritores, ayer, 8 de diciembre, asistí, junto grandes compañeros y poetas, a la XXXI Feria del Libro Aragonés en Monzón. El ambiente fue increíble y la afluencia de público muy numerosa. La cercanía con los lectores estimula el ánimo y la creatividad para seguir contando historias y el hecho de compartir espacio y experiencia con otros escritores nos anima a seguir adelante y
  difundir nuestro trabajo. Mis felicitaciones a la organización y a todos aquellos que hicieron posible el evento.


DIVIDE Y VENCERÁS: LAS FRACTURAS CONTEMPORÁNEAS Y SUS PELIGROS



En el vasto teatro de la política contemporánea, la máxima "Divide y vencerás" –atribuida a Julio César en sus campañas galas y adoptada por Napoleón en sus conquistas europeas– resuena con inquietante vigencia. Esta estrategia, que consistía en fragmentar alianzas enemigas para someterlas con facilidad, no se limita al ámbito militar; se ha infiltrado en el tejido social de hoy, orquestada por ideólogos que, con un sesgo predominantemente progresista, imponen divisiones artificiales para perpetuar su influencia. En España, en este 2025 que conmemora el medio siglo desde la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975, tales tácticas evocan ecos de un pasado turbulento, recordándonos cómo la polarización puede derivar en catástrofes.
La política contemporánea vive atrapada en esta economía de la indignación. El matiz se devalúa, la conversación se torna ruido y la ciudadanía es empujada a escoger bando ideológico antes que argumentos. Desde una mirada liberal-conservadora preocupa no solo la existencia de desigualdades reales, sino su tratamiento como arma. El beneficio táctico y político de dividir es inmediato pero el coste social, duradero y destructor.
Consideremos las fracturas que se nos presentan como inevitables: la discusión hombre-mujer (amplificada por narrativas feministas radicales que ignoran la complementariedad natural), la dicotomía ricos-pobres,(donde políticas redistributivas artificiales fomentan resentimientos clasistas), la polarización ultraizquierda-ultraderecha (que reduce el debate público a caricaturas extremas, marginando voces moderadas de centro que abogan por el sentido común y la estabilidad económica) u otras fracturas contemporáneas, como homo-hetero (donde la diversidad sexual se instrumentaliza para localizar y censurar disidencias) o inmigrantes-nativos (que transforma la integración en un campo de batalla cultural). Estas grietas, promovidas bajo el manto de la "justicia social" no nos unen, sino que nos dividen, debilitando el consenso necesario para una sociedad funcional.
Esta analogía culmina en la gran fractura ideológica desatada por el reciente fallo del Tribunal Supremo en el caso del Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortiz. Condenado a dos años de inhabilitación y otras multas pecuniarias por revelación de secretos –datos confidenciales sobre la pareja de la presidenta madrileña–, el veredicto ha polarizado totalmente el espectro político. Desde la izquierda se clama “lawfare” (un término específico que sugiere persecución judicial y partidista contra el Gobierno de Pedro Sánchez), mientras que desde la derecha se aprecia como “independencia judicial”. Esta controversia refleja cómo instituciones clave de nuestra democracia se convierten en espacios de combate ideológico, exacerbando desconfianzas que erosionan el sistema.
Sin embargo, en un país que superó la dictadura franquista hace cincuenta años, ¿no es paradójico que revivamos divisiones reminiscentes de aquellos hechos que precipitaron la Guerra Civil en 1936, con sus odios irreconciliables entre republicanos y nacionales? O el fallido golpe del 23F en 1981, donde tensiones ideológicas casi desmantelan la joven Transición. Tales fracturas, si no se atajan con moderación y diálogo, no solo generan conflictos sociales e ideológicos, sino que podrían escalar a escenarios más graves, incluso armados. La historia advierte: la unidad no es un lujo conservador, sino una necesidad vital. Por eso conviene desconfiar del entusiasmo de la ruptura con el de enfrente. La política que de verdad transforma —la que reforma, arbitra y preserva la convivencia— se construye con paciencia y con una mínima voluntad de entendimiento entre todos.
Y es que el "Divide y vencerás" de Julio César es una estrategia útil para conquistar territorios, pero un veneno lento para sostener una democracia.

MIS AMIGOS DE SIEMPRE

 

Por caprichos del destino no hace mucho que volví a contactar con mi grupo de amigos de juventud. Hacía ocho lustros que no los veía y el reencuentro ha sido entrañable. Por supuesto, hemos cambiado o “evolucionado” física, profesional e ideológicamente y claro, ya no somos los mismos que cuando teníamos esos veinte años. Las obligaciones militares que entonces todos tuvimos nos distanciaron o más bien yo me distancié de ellos, debido también a… no recuerdo exactamente qué fue. Tal vez otras amistades, otros intereses u otros amores. Pues bien, debido a mi actividad literaria y la magia de las redes sociales fueron ellos, aunque más bien uno de ellos, mi gran amigo Carlos, quien me añadió a su grupo de Whatsapp y estamos viéndonos de nuevo de vez en cuando, no solo recordando tiempos pasados sino también haciendo planes de futuro, claro. Todavía nos queda brío para rato. 

Insisto en la idea de que no recuerdo ni cómo ni cuándo dejé de verlos, pero sí que guardaré en mi memoria mientras viva el emotivo reencuentro que tuvimos cuando volvimos a reunirnos de nuevo, aunque todavía falte alguno u otros se hayan quedado definitivamente por el camino. Por supuesto, cuando nos vemos no hacemos las mismas cosas que cuando teníamos esos maravillosos dieciocho o veinte años en medio de aquellos mágicos 80´s, pero la esencia de cada uno de nosotros continúa casi intacta. La distancia temporal, las responsabilidades adquiridas o la gravedad que imprimen los años trascurridos y que nos separan de aquellos muchachos, apenas ha causado los estragos que se podía esperar en nuestras conciencias. Sería capaz de reconocerlos en sus procederes sin dudarlo un segundo; siguen siendo ellos sin la menor duda.

Ni qué decir tiene que se levantan algunas polvaredas ideológicas o de criterio en el grupo, dado el tortuoso estado de opinión y de división en donde nos movemos; lo que algunos pueden ver con claridad meridiana otros cuestionamos sin dudarlo siquiera un segundo (también viceversa, claro). Sin embargo, esas diferencias jamás serán óbice para que tales debates lleguen a convertirse enfrentamientos serios, porque hay algo muy por encima de nosotros que nos protege de la colisión fatal y se llama… respeto.

No hay nada más (ni nada menos) a lo que acudir para salir indemnes cada día y seguir siendo quienes somos. Todos juntos seremos más fuertes.

PRESENTACIÓN DE LA NOVELA “LA OCTAVA CASILLA” EN ZARAGOZA




Muchas gracias a quienes pudisteis asistir a la presentación de mi última novela LA OCTAVA CASILLA. Junto a la escritora aragonesa Amparo Sanz Abenia, pudimos conocer un poco más a fondo los entresijos de esta narración hacia el otro lado del tablero de un peón, en apariencia insignificante, que se enfrenta a figuras poderosas como capullos «que siempre saben lo que hay que hacer», a amores imposibles, a demasiadas tardes oscuras al salir de clase, a paraísos fiscales o a vínculos de sangre inimaginables. Porque nada es lo que parece en este relato en primera persona repleto de hombres-babosa, hombres-hiena, hombres-mono y hombres-sapo, ángeles con curvas de mujer, muchos cigarrillos y varios disparos buscando la presa adecuada.



Muchos de mis lectores, mis amigos de siempre y otros incondicionales estuvieron ahí acompañándonos en esta tarde llena de sorpresas y emociones. Tuvimos ocasión de charlar sobre la trama, el proceso creativo y otros aspectos de la novela.
Gracias a todos y si no pudiste acercarte, recuerda que puedes conseguir tu ejemplar en AMAZON

PRESENTACIÓN DE LA OCTAVA CASILLA EN LA PUEBLA DE ALFINDÉN

 El pasado 26 de junio tuvo lugar la presentación de mi última novela LA OCTAVA CASILLA en La Puebla de Alfindén. Agradecer desde aquí la inestimable presencia de la periodista y escritora Cristina Gómez como maestra de ceremonias, al Ayuntamiento de La Puebla por la cesión de sus espacios y a Beatriz Callén, la Técnico Cultural, por su asistencia y amabilidad para la realización del acto. Tarde muy entretenida y concurrida en donde una buena entrada de público se reunió para conocer detalles de la novela y poder charlar en torno a ella y su proceso de creación. Muchas gracias a todos y cada uno de los asistentes al acto que con todo el cariño preparé junto con Cristina. Otros muchos de vosotros también os habéis disculpado personalmente por no poder asistir. Habrá otras presentaciones en Zaragoza que anunciaré oportunamente. Entre tanto, aprovechad para leer LA OCTAVA CASILLA que podéis conseguir en https://amzn.eu/d/21ebH1X
Os aseguro que os sorprenderá el relato en primera persona de Jóse, la querencia sin límites hacia Sonia y la abyección sin límites hacia su cuñado. Lee una sinopsis de la novela en la entrada LA OCTAVA CASILLA