Como viene siendo costumbre, cada 19 de marzo se celebra el Día del Padre. Felicidades a
todos ellos. Y permitidme que lo diga sin pudor: el padre no es un accesorio
negociable ni un capricho de temporada, es una posición de respeto y autoridad
inherente al hombre realmente comprometido, una figura proveedora, vigilante y
afectuosa que ciertos movimientos interesados han intentado arrinconar.
La familia ha cambiado y cada vez más mujeres optan por la maternidad en
solitario, ya sea con técnicas artificiales o por la vía tradicional, pero sin
un padre en escena. La biología, sin embargo, no se somete a decretos
ideológicos, ya que la mitad de la carga genética es necesaria, y con ella, esa
aportación insustituible. El padre no duplica a la madre y mucho menos la
sustituirá, pero ambas figuras resultan necesarias y complementarias: donde
ella suele ofrecer el abrazo incondicional, él pone el límite claro, la
disciplina serena o la mentoría que enseña a los hijos a tolerar la
frustración. Ese “no” paterno no es rigidez; es el primer ensayo para un mundo
en donde van a encontrar multitud desengaños y negativas para los que se han de
ir acostumbrando.
La pareja puede romperse, pero los hijos no caducan, por lo que el padre
debe seguir prestando asistencia, aunque ya no comparta domicilio. Y si la vida
es más dura y lo llama antes de tiempo, su figura no se va: se queda como
mentor querido, invisible y eficaz, susurrando consejos desde el más allá con
la misma autoridad que tenía en vida.
Llegado un servidor a una edad ya respetable y siendo también padre,
comprendo por fin muchas cosas que en su momento no podía entender. Mi padre,
que tanto hizo por mí —en silencio y casi siempre sin pedir aplausos—, ya no
está para recoger la gratitud que le debo. Pero su efigie, su ejemplo y virtud
siguen en mi corazón, más vivos que nunca. Feliz Día del Padre, papá, y feliz
Día del Padre a todos los que lo somos por el privilegio de serlo.
Y es que mientras haya hombres dispuestos a levantarse cada mañana para ser
ese proveedor, vigilante y afectuoso que su posición le atribuye, la familia
seguirá contando con un pilar que ninguna moda pasajera logrará erosionar.
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