MIS AMIGOS DE SIEMPRE

 

Por caprichos del destino no hace mucho que volví a contactar con mi grupo de amigos de juventud. Hacía ocho lustros que no los veía y el reencuentro ha sido entrañable. Por supuesto, hemos cambiado o “evolucionado” física, profesional e ideológicamente y claro, ya no somos los mismos que cuando teníamos esos veinte años. Las obligaciones militares que entonces todos tuvimos nos distanciaron o más bien yo me distancié de ellos, debido también a… no recuerdo exactamente qué fue. Tal vez otras amistades, otros intereses u otros amores. Pues bien, debido a mi actividad literaria y la magia de las redes sociales fueron ellos, aunque más bien uno de ellos, mi gran amigo Carlos, quien me añadió a su grupo de Whatsapp y estamos viéndonos de nuevo de vez en cuando, no solo recordando tiempos pasados sino también haciendo planes de futuro, claro. Todavía nos queda brío para rato. 

Insisto en la idea de que no recuerdo ni cómo ni cuándo dejé de verlos, pero sí que guardaré en mi memoria mientras viva el emotivo reencuentro que tuvimos cuando volvimos a reunirnos de nuevo, aunque todavía falte alguno u otros se hayan quedado definitivamente por el camino. Por supuesto, cuando nos vemos no hacemos las mismas cosas que cuando teníamos esos maravillosos dieciocho o veinte años en medio de aquellos mágicos 80´s, pero la esencia de cada uno de nosotros continúa casi intacta. La distancia temporal, las responsabilidades adquiridas o la gravedad que imprimen los años trascurridos y que nos separan de aquellos muchachos, apenas ha causado los estragos que se podía esperar en nuestras conciencias. Sería capaz de reconocerlos en sus procederes sin dudarlo un segundo; siguen siendo ellos sin la menor duda.

Ni qué decir tiene que se levantan algunas polvaredas ideológicas o de criterio en el grupo, dado el tortuoso estado de opinión y de división en donde nos movemos; lo que algunos pueden ver con claridad meridiana otros cuestionamos sin dudarlo siquiera un segundo (también viceversa, claro). Sin embargo, esas diferencias jamás serán óbice para que tales debates lleguen a convertirse enfrentamientos serios, porque hay algo muy por encima de nosotros que nos protege de la colisión fatal y se llama… respeto.

No hay nada más (ni nada menos) a lo que acudir para salir indemnes cada día y seguir siendo quienes somos. Todos juntos seremos más fuertes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario