Insisto en la idea de que no recuerdo ni cómo ni cuándo dejé
de verlos, pero sí que guardaré en mi memoria mientras viva el emotivo reencuentro
que tuvimos cuando volvimos a reunirnos de nuevo, aunque todavía falte alguno u
otros se hayan quedado definitivamente por el camino. Por supuesto, cuando nos
vemos no hacemos las mismas cosas que cuando teníamos esos maravillosos
dieciocho o veinte años en medio de aquellos mágicos 80´s, pero la esencia de
cada uno de nosotros continúa casi intacta. La distancia temporal, las
responsabilidades adquiridas o la gravedad que imprimen los años trascurridos y
que nos separan de aquellos muchachos, apenas ha causado los estragos que se podía
esperar en nuestras conciencias. Sería capaz de reconocerlos en sus procederes
sin dudarlo un segundo; siguen siendo ellos sin la menor duda.
Ni qué decir tiene que se levantan algunas polvaredas
ideológicas o de criterio en el grupo, dado el tortuoso estado de opinión y de
división en donde nos movemos; lo que algunos pueden ver con claridad meridiana
otros cuestionamos sin dudarlo siquiera un segundo (también viceversa, claro). Sin
embargo, esas diferencias jamás serán óbice para que tales debates lleguen a convertirse
enfrentamientos serios, porque hay algo muy por encima de nosotros que nos
protege de la colisión fatal y se llama… respeto.
No hay nada más (ni nada menos) a lo que acudir para salir
indemnes cada día y seguir siendo quienes somos. Todos juntos seremos más
fuertes.

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