En estos últimos días han acontecido demasiadas cosas
juntas. En zaragoza se ha parado el Cierzo y se ha marchado el frío, ha acabado
la Semana Santa y parece que encaramos la primavera a pleno pulmón. Fuera de
nuestra ciudad, la actividad política y judicial vuelve a sus andadas con
innumerables casos de corrupción y la guerra parece que continúa, más bien las guerras,
o lo que algunos llaman ya la "Tercera Guerra Mundial” sigue su camino desestabilizando
los mercados, la cesta de la compra, el precio de los combustibles y sembrando
muchas incertidumbres a nuestro alrededor.
Durante estos días también hemos podido ver en los medios y
redes sociales la misión Artemis de la NASA de camino a la Luna que nos
proporciona imágenes inéditas tanto de nuestro planeta como del satélite llenas
de simbología y mensaje. Nuestro mundo, visto desde el espacio es una cosa
bella y prometedora, una bola colgada en el universo de color azul salpicada de
nubes blancas que lo rodean y parecen protegerlo de amenazas exteriores. Pero el
verdadero peligro se encuentra sobre la superficie terrestre y no es otra que nosotros
mismos. La Tierra carece de fronteras naturales salvo esos accidentes
geográficos naturales como costas o cordilleras y hemos sido nosotros quienes
nos empeñamos de continuo en mover de forma artificial (fronteras terrestres, económicas,
ideológicas o tecnológicas) que algunos trazan a su acomodo para establecer su hegemonía
sin ceder un ápice para lograr una paz y convivencia que todos deseamos.
Si somos capaces de llegar a la luna o más allá y de crear
inteligencias artificiales (ya lo adelantó Kubrick en su “2001”), ¿por qué no somos capaces de llegar a
un entendimiento? ¿De verdad somos tan listos para salir de la atmósfera y tan
torpes para convivir dentro de ella?
Esto parece no tener buen fin, así que “ataos los
machos” y al tiempo
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